Los orígenes medievales de Nuestra Señora de Montemayor
Los orígenes históricos de la devoción a Nuestra Señora de Montemayor, patrona de Moguer, se pierden en el tiempo.
Las primeras menciones al topónimo del que nace esta advocación de la Madre de Dios proceden del siglo IX. Según el historiador andalusí Ibn Hayyan, el paraje de Montemayor fue escenario de una de las múltiples fitnas que agitaron el periodo final del emirato cordobés. Allí se hizo fuerte el rebelde Ibn Jasib, caudillo descontento con la política del poder central.
Aunque la revuelta durase poco (889-890), el escrito de Ibn Hayyan nos dejó informaciones de gran interés: la existencia en Montemayor de una fortaleza, y la tipificación de Ibn Jasib como muladí, es decir, como cristiano convertido al islam —o descendiente de conversos— en fechas relativamente recientes. Cabe subrayar cómo el nombre del paraje, Munt Mayur en árabe, sería clara traslación del latín Mons Maior, denominación que permite afirmar la identificación del espacio, al menos, desde época visigoda.
El derribo de esta fortaleza a inicios del siglo X, por orden de Abderramán III, no supuso el abandono del lugar. Restos aún conservados en las inmediaciones de la ermita, como la fuente vieja o los sistemas de canalización subterránea, verifican, pese a su datación tardía (siglos XI-XIII), su poblamiento y uso agrícola posteriores.
El Cristianismo retornaría a tierras moguereñas de la mano de la Corona de Castilla, con la reconquista del valle bajo del Guadalquivir. Aunque las fechas bailen (hacia 1248, bajo Fernando III el Santo, o en torno a 1262, con Alfonso X el Sabio), puede afirmarse que, en el segundo tercio del siglo XIII, la alquería moguereña —futura villa señorial independiente— pasaba definitivamente a la órbita hispana y, con ella, se reintroducían el cristianismo y la cultura europea.
Es probable que uno de tales caseríos radicase en Montemayor, pese a la inexistencia de referencias, como herencia de la antigua presencia andalusí. Y, quizás también, la elevación del primer santuario en honor a Santa María de Montemayor respondiese a tal situación.
La primera referencia documental inequívoca a la Virgen de Montemayor se data en 1380: el cierre de un códice, conservado en la Biblioteca Nacional de España, copiado, según informa el propio autor, en “Santa María de Montemayor, cerca de Moguer”. Era un 5 de junio, martes.
La devoción a la Virgen de Montemayor durante la Edad Moderna
La primitiva cofradía de Santa María de Montemayor, de la que desconocemos fecha precisa de fundación, debió constituirse en la Baja Edad Media, al calor del creciente fervor hacia la imagen y como cofradía hospitalaria.
En su testamento (1518-1519), don Pedro Portocarrero, VIII señor de Moguer, reafirmaba su deseo de que todos los hospitales existentes en su villa —Montemayor, San Sebastián, San Esteban y Cuerpo de Dios— fuesen reducidos en uno, el del Cuerpo de Dios, germen remoto del actual Día de la Virgen moguereño.
En 1508 se documenta por vez primera una nao bautizada como Santa María de Montemayor en la Carrera de Indias, propiedad de Francisco Niño. En 1571, Pedro Montesdoca dona vestidos y coronas desde Cartagena de Indias; en 1594, Bartolomé Carmona envía cien pesos de oro desde Potosí.
A fines del siglo XVII, Juan Fernández Jurado, mayordomo de la ermita, fundaba dos memorias de misas (“Nueve Misas de Nuestra Señora” y la del 8 de septiembre), asentando definitivamente los festejos en su honor.
En 1714, el visitador del arzobispado recogía el sentir popular: la Virgen de Montemayor era “patrona” de la ciudad, casi siglo y medio antes de su reconocimiento oficial.
El culto a Montemayor desde el siglo XIX hasta la actualidad
En 1834 se publicó la Novena a Ntra. Sra. de Montemayor, obra de fray José María Laso de la Vega.
El 1 de octubre de 1854, en plena epidemia de cólera, el Ayuntamiento de Moguer proclamó a la Virgen de Montemayor como Patrona de la ciudad, junto a San José.
En los años siguientes se reorganizó la Hermandad de Nuestra Señora de Montemayor (1862-1867), ratificada por la reina Isabel II.
Durante la Guerra Civil, el 22 de julio de 1936, la imagen original fue destruida. En 1937, el escultor Sebastián Santos Rojas realizó la actual talla de la Patrona, recibida con júbilo por el pueblo.
En 1954 nació la romería de mayo, que pronto consolidó la devoción más allá de Moguer con la creación de hermandades filiales: Sevilla y Huelva (1956), Punta Umbría (1957), Madrid (años 70), Arahal y Villamanrique (80), Lucena del Puerto (1998) y Campofrío-La Dehesa (1999).
El 15 de junio de 1991 tuvo lugar su Coronación Canónica, primera concedida por la Diócesis de Huelva. En 1993, la Virgen de Montemayor fue venerada por San Juan Pablo II en Moguer.
La devoción a Nuestra Señora de Montemayor llega a este Jubileo de 2025 como testimonio del amor que las tierras onubenses han profesado a la Patrona de Moguer a lo largo de los siglos: una advocación cargada de historia, tradición y fervor inquebrantable.
Los orígenes históricos de la devoción a Nuestra Señora de Montemayor, Patrona y Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Moguer, se pierden en el tiempo. La actual imagen de la Virgen es obra de Sebastián Santos Rojas (1937), de reducida estatura y agraciadísimo rostro, portando al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo. Sustituye a la anterior, de fines del siglo XVIII o inicios del XIX, desaparecida en julio de 1936. Ha sido, desde antaño, pilar de la fe de los moguereños e inspiración de artistas como los hermanos Álvarez Quintero, Juan Ramón Jiménez, Francisco Garfias o Joaquín Sorolla.
Pese a ser muy probable su existencia desde la Reconquista cristiana (s. XIII), las primeras referencias escritas de la Virgen de Montemayor se datan en el año 1380, momento en el que la ermita, ya completamente asentada, sirvió como scriptorium o lugar de copiado de códices. En los siglos XV y XVI, esta advocación mariana arraigaría entre los vecinos de su villa de Moguer, erigiéndose como la primera y más significada de todas sus devociones. Contó por entonces con una cofradía hospitalaria, consagrada al socorro de enfermos y transeúntes, que celebraba su onomástica cada 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen, tradición mantenida hasta hoy.
El nombre de Santa María de Montemayor resonó pronto en las villas comarcanas, como reflejan tantas mandas testamentarias (de Huelva, Palos o Lucena del Puerto); y estuvo presente en la Carrera de Indias, gracias a los muchos navíos que atravesaron el Atlántico bajo su protección.
En los siglos XIX y XX se oficializó el secular amor de los moguereños por su Virgen de Montemayor, resaltando como momentos destacados la publicación de su Novena (1834), la proclamación como Patrona de la Ciudad (1854) —tras salvarse el vecindario de una temible epidemia de cólera— y la refundación de la actual Hermandad Matriz (1867). A mediados del siglo XX, en 1954, nacería su célebre romería de mayo, germinando en décadas sucesivas distintas hermandades filiales en su honor (Sevilla, Huelva, Punta Umbría, Madrid, Arahal, Villamanrique de la Condesa, Lucena del Puerto, Campofrío-La Dehesa de Riotinto).
Con motivo del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, la devoción a Ntra. Sra. de Montemayor viviría dos episodios de enorme trascendencia: la Coronación Canónica de la Virgen (1991) —primera celebrada por la Diócesis de Huelva— y la visita de SS. el Papa San Juan Pablo II a la parroquia de Moguer (1993).
Desde entonces, la devoción de propios y extraños por la venerada imagen de Nuestra Señora de Montemayor ha seguido fortaleciendo el amor de esta tierra por la Madre de Dios.
El Paso Procesional
Las andas procesionales de la Santísima Virgen de Montemayor fueron realizadas en el año 1955 por el taller de Manuel Villarreal Fernández en Sevilla. Sustituyeron a las estrenadas en 1940, en madera tallada y dorada, que usó la Virgen hasta diciembre de 1954, con las que participó en la anterior procesión mariana —que tuvo como protagonista a la lluvia— sufriendo algún daño. Tras el estreno de las nuevas andas, las anteriores fueron enajenadas. La Hermandad conserva la peana dorada.
La Junta de Gobierno de la Hermandad de Montemayor, en reunión del 7 de agosto de 1954, decidió realizar un nuevo paso para la Patrona de Moguer. Esta vez no sería de madera tallada y dorada, como los anteriores (tres destruidos en la Guerra Civil y el estrenado en 1940). Se recabaron varios diseños de reputados plateros, siendo elegido el taller hispalense de Manuel Villarreal Fernández, quien se había independizado y abierto su establecimiento hacía poco tiempo. Esta decisión se tomó en la junta del 1 de mayo de 1955.
Manuel Villarreal Fernández (Camas, Sevilla, 1925 – Sevilla, 1965) abrió taller propio en 1952. Antes había sido discípulo y empleado de Manuel Seco Velasco (también vinculado a la Virgen de Montemayor por distintos trabajos, como las varas de presidencia de la Junta de Gobierno). Al fallecimiento del maestro, se hicieron cargo del taller —ahora conocido como Viuda de Villarreal— Francisco del Toro Plaza y Francisco Mateos Rubio, quienes, aun siendo muy jóvenes, lograron mantener el prestigio del establecimiento.
El presupuesto del paso ascendía a 87.000 pesetas (unos 523 €), una cuantía elevada para la Hermandad. Para sufragarlo se inició una campaña de donativos. El Excmo. Ayuntamiento de Moguer fue de los primeros en aportar, encargándose de sufragar los cuatro candelabros de guardabrisas, realizados en metal plateado con bases de madera y metal. En las dos delanteras figuran inscripciones que recuerdan la donación municipal. El coste ascendió a 24.000 pesetas. Cada candelabro lleva siete guardabrisas. El resto del coste del paso fue sufragado por hermanos y devotos de la Santísima Virgen.
El contrato se firmó a principios de junio de 1955 y se estrenó para la procesión del 8 de septiembre de ese mismo año. Este paso fue el primero realizado en los talleres de Villarreal.
La realización de estas andas fue un regalo de la Ciudad de Moguer a su Patrona, al conmemorarse el centenario de su proclamación como Compatrona, junto al Patriarca San José, que lo es por Bula Pontificia desde 1750.
El paso, de estilo barroco y realizado en metal plateado, se compone de respiraderos, peana de costillas, escabel y nube, además de los mencionados candelabros. Los respiraderos presentan casetones separados por pilastras: tres en el frontal y trasero, y cinco en los costeros. En el centro de los mismos hay cartelas con relieves en dorado representando pasajes de la vida de la Virgen María y vistas de la ciudad de Moguer, obra de Francisco del Toro Plaza.
En el respiradero frontal figura el escudo de la Hermandad de Montemayor, con las armas de la Ciudad de Moguer (título concedido por Felipe IV en 1642), orlado de castillos y leones, con el anagrama del Ave María y timbrado con la corona real. Tras la fusión con la Cofradía del Santísimo Sacramento, se añadió un ostensorio al emblema.
Sobre la mesa se ubica la peana de costillas, con la inscripción: “La ciudad de Moguer a su Patrona en el Centenario de su Patrocinio. Moguer, 8 de septiembre de 1955”. Sobre ella se alza el escabel troncocónico, con cartela central del anagrama mariano en dorado, y sobre éste, la nube plateada con angelitos, obra del escultor Martín Lagares.
El paso cuenta con ocho jarras y un centro, así como con una figura de San José, Patrón de la ciudad, en metal plateado, modelado por José María Leal Bernáldez y platería de Joaquín Osorio. Fue donación de Ginés Miguel Parra Ruiz y Montserrat Herrero Rodríguez.
Delante de la nube se sitúa un ángel portando la vara de Alcaldesa Perpetua de Moguer (distinción concedida el 19 de octubre de 1979). Esta pieza fue regalo de Orfebrería Villarreal en la Coronación Canónica (1991). El bastón que porta el ángel fue un regalo personal del alcalde Gustavo Cuéllar Cruz y el concejal José Antonio Rodríguez Andújar en el XXV aniversario de la Coronación (2016).
La mesa del paso fue realizada en 1988 por Carpintería Roldán (Moguer). Originalmente las trabajaderas iban longitudinales, cargándose al hombro, vestigio de los cargadores del puerto. Hoy se lleva a costal.
El paso se completa con caídas de terciopelo rojo “flor de granado”, bordadas en oro por Manuel Ponce (Huelva), regalo de los costaleros en la Coronación Canónica. En la delantera figura el escudo de la Hermandad; en los laterales, los emblemas de Moguer y de San Juan Pablo II.
La Hermandad cuenta con dos llamadores: uno con un ángel y el escudo corporativo, obra de Villarreal (1987); y otro con un acólito portando un candelero, obra de Orfebrería Andaluza, donado por la Hermandad de Padre Jesús en la Coronación de 1991.
El Manto de la Coronación
Estrenado el 15 de junio de 1991, de color rojo flor de granado, diseñado por Francisco Llonis Santiago y bordado en el Taller de Carrasquilla (Sevilla). Obra barroca, tipo abanico.
La Saya de Coronación
Bordada en oro e incrustada con joyas donadas por devotos. Mano de obra regalada por Francisco Contioso Camacho, vestidor de la Virgen durante 50 años.
La Hermandad Filial de Huelva donó el traje del Niño Jesús, a juego con el de la Virgen.
LAS CORONAS, CETRO, RÁFAGA Y MEDIALUNA
La Santísima Virgen de Montemayor fue la primera imagen coronada de la Diócesis de Huelva. El acto tuvo lugar el 15 de junio de 1991, en el marco de los 500 años de la Evangelización de América.
Se realizaron nuevas coronas para la Virgen y el Niño, el cetro, la ráfaga y la medialuna. Devotos de toda España donaron joyas y oro para la presea. El diseño definitivo fue obra de Francisco del Toro en los Talleres Villarreal.
La corona de la Virgen, de estilo barroco y crisoelefantina, incorpora esmaltes con los escudos de la Hermandad Matriz y de Moguer, seis querubines, la figura del Espíritu Santo y dos ángeles que sostienen una cruz en oro y diamantes (donación de María Dolores Macías). Las tallas en marfil fueron obra de Fernando Manuel del Toro.
El cetro fue donado por una familia moguereña, realizado en oro con el escudo de Moguer esmaltado.
La ráfaga, en plata dorada, y la medialuna, rematada en dos estrellas, fueron donadas por devotos.
Ermita de Montemayor
Situada a dos kilómetros del casco urbano, la ermita de Montemayor ha vivido múltiples reformas desde los siglos XIII-XIV hasta la gran remodelación de los años 70 del siglo XX, que le dio su actual planta de cruz latina.
Entre su patrimonio destacan:
El Crucificado de los Milagros (s. XVI),
El óleo Sacrificio de Isaac del círculo de Zurbarán (s. XVII),
El Cristo de la Humildad y Paciencia en alabastro inglés (s. XV),
El retablo dieciochesco obra probable de José Cano (1736).
La devoción a Nuestra Señora de Montemayor llega a este Jubileo de 2025 como testimonio del amor que las tierras onubenses han profesado a la Patrona de Moguer a lo largo de los siglos: una advocación cargada de historia, tradición y fervor inquebrantable.
Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, situada en el barrio onubense de El Polvorín, fue erigida canónicamente el 30 de junio de 1923 por el cardenal Eustaquio Ilundáin, arzobispo de Sevilla, con el objetivo de atender espiritualmente a una creciente población alejada de las históricas parroquias del centro de Huelva. La colocación de la primera piedra tuvo lugar el 6 de julio de 1928, y el templo fue bendecido el 22 de diciembre de 1929, apenas dieciocho meses después, en una ceremonia presidida por el propio prelado.
El proyecto fue encargado al arquitecto Vicente Traver, quien diseñó una iglesia sobria y funcional, construida por la Sociedad Anónima de Construcciones de Sevilla. Su estilo responde al modelo de templo jesuítico, con fachada de ladrillo visto, óculo central, puerta adintelada y torre campanario. En su interior, se dispone una nave principal con capilla mayor y varias capillas laterales, adornadas con retablos e imágenes de alto valor artístico y devocional.
Durante los disturbios de 1936, el templo sufrió la destrucción de parte de su patrimonio, incluido su retablo mayor original. En las décadas siguientes, se fue completando su dotación artística, destacando obras como el Cristo crucificado de José Lemus (1967) y un relieve policromado del Sagrado Corazón, realizado por Francisco Llonis en 1998.
En la actualidad, esta parroquia es sede de tres hermandades de gran arraigo en la Semana Santa onubense: la Hermandad Sacramental de la Sagrada Cena, la Hermandad de Nuestra Señora de la Victoria y la Hermandad de las Tres Caídas. También acoge a la filial onubense de la Hermandad de Nuestra Señora de Montemayor, patrona de Moguer.
La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús es hoy un centro espiritual, cultural y social de referencia en Huelva, que conjuga tradición y vitalidad pastoral, y cuya historia está íntimamente ligada a la evolución del barrio y al fortalecimiento del tejido cofrade y devocional de la ciudad.
La Banda de Música Santa Ana de Dos Hermanas tiene sus raíces a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando en la localidad existían agrupaciones musicales como la “Banda del Maestro Tarvina” o la “Banda del Ave María”. Estas formaciones dejaron un importante legado en la vida cultural y religiosa del municipio, siendo reflejo del temprano interés de Dos Hermanas por la música de banda.
Tras un periodo sin actividad bandística estable, en el año 1979 se reorganiza la banda actual gracias al impulso del maestro Rafael Martínez y al apoyo del entonces alcalde Manuel Benítez Rufo, junto con el respaldo del Ayuntamiento. Se incorporaron antiguos músicos y se sentaron las bases de una nueva etapa que consolidaría a la banda como una de las referencias musicales de la provincia de Sevilla.
Actualmente compuesta por unos 75 músicos, la Banda de Música Santa Ana ha desarrollado una intensa actividad tanto en conciertos como en el acompañamiento procesional. A lo largo de su historia ha editado varios trabajos discográficos, entre los que destacan Pedro Morales, galardonado con Disco de Oro (2003), Cien Años de Historia (2004), Triana con su Esperanza (2009), y Ara Coeli (2015), que recogen tanto marchas clásicas como obras contemporáneas.
En el ámbito procesional, la banda ha acompañado a importantes hermandades de la Semana Santa de Sevilla y su provincia, como La Paz (Domingo de Ramos), San Gonzalo (Lunes Santo), Los Panaderos (Miércoles Santo), así como a hermandades de Dos Hermanas, Jerez de la Frontera, Castilleja de la Cuesta, Osuna y Olivares, entre otras. Su presencia ha estado marcada por la elegancia sonora, la fidelidad al repertorio tradicional y el compromiso con la calidad interpretativa.
Además de su labor cofrade, la banda participa activamente en la vida cultural de Dos Hermanas, ofreciendo conciertos en fechas señaladas como Santa Cecilia, Navidad o Cuaresma, y colaborando en actividades educativas, benéficas y conmemorativas. Uno de sus momentos más destacados fue su participación en la salida extraordinaria de la Dolorosa del Gran Poder con motivo del 125 aniversario fundacional de la hermandad.
Bajo la dirección de José Colomé, la Banda de Música Santa Ana continúa apostando por la formación musical, el mantenimiento de la tradición y la excelencia interpretativa. Con más de un siglo de historia, se ha consolidado como una de las formaciones musicales más prestigiosas de la provincia de Sevilla, siendo símbolo del arraigo cultural, la devoción y la identidad musical de Dos Hermanas.






























































