Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva

Hermandades Participantes en la Procesión Magna Mariana

La ornamentación de la Virgen María a lo largo de la historia ha estado cargada de un profundo simbolismo desde sus orígenes, siendo especialmente relevantes las representaciones aparecidas en las portadas góticas europeas. Posteriormente, alcanzará una gran difusión durante el Barroco, época en la que, además de las labores de platería, destacará el uso de la vestimenta y otros elementos decorativos, entre los que sobresalen las coronas, puñales y diversa joyería realizada en plata.

Desde la época bizantina tenemos constancia de representaciones de María coronada, una iconografía que se trasladará a todo Occidente y, entre ellos, a la España medieval, dejando patente que María es Reina del Cielo.

Respecto a la diversidad de coronas, las más antiguas datan de la Edad Media y seguían un mismo canon, muy similar al de las coronas reales. Todas compartían una estructura básica: un aro simple ajustado a la cabeza, rematado con cresterías de distintos tipos, adaptadas a los modelos alemanes, franceses, ingleses u otros europeos. Gracias a los lienzos y tablas de la época, podemos hacernos una idea de cómo eran estas coronas en las imágenes marianas.

Centrándonos en las imágenes procesionales, ya desde el siglo XVI se constata la presencia de coronas, como puede observarse en los distintos libros de reglas de las cofradías que han llegado hasta nuestros días. En este siglo, el tipo de corona más empleado era la “real”, aunque hacia finales del mismo comenzó a generalizarse el tipo “imperial”, siendo el ejemplo más antiguo y documentado el de la Virgen del Sagrario de Toledo. Estas coronas imperiales, en su mayoría realizadas en plata y de diseño sencillo, se componían de un aro que se ceñía a la cabeza y una parte superior unida mediante bandas de metal, culminadas por una ráfaga o aureola.

Durante el siglo XVII se introdujeron novedades como la alternancia de rayos ondulantes y lisos en las ráfagas. Aparecieron diversos modelos de coronas, aunque hacia finales de esta centuria y principios de la siguiente ya se impuso definitivamente el modelo de corona de imperiales. A mediados del siglo XVIII se observaron cambios estructurales y estilísticos con la aparición del estilo rocalla, que se convirtió en referente para muchas piezas de platería. A ello se suma el aumento de tamaño de las coronas durante el Barroco avanzado y el notable desarrollo de la ornamentación vegetal, que llegó a cubrir casi por completo sus estructuras. También se introdujo el uso de estrellas como remate de los rayos largos de las ráfagas.

Con el paso al estilo neoclásico a finales del siglo XVIII, comenzó a emplearse una iconografía con motivos clásicos. Será en el siglo XIX cuando se consolide un modelo que llega hasta nuestros días, caracterizado por un aro alto con sección troncocónica invertida, anchas bandas, y una ráfaga compuesta por rayos desiguales y biselados que se agrupan en haces y terminan en estrellas. Estas coronas también incluyen, con frecuencia, la esfera y la cruz, o rayos en forma de aspa, con una decoración diversa inspirada en el Rococó, aunque ya con algunos elementos neoclásicos.

En el siglo XX se observa una clara tendencia a imitar modelos antiguos, aunque con modificaciones estructurales. Se aprecia un considerable aumento en el tamaño tanto del aro como de la ráfaga, y se utilizan varias formas: ultrasemicircular, trapezoidal, trilobular y polilobular. Ejemplos de ello son las coronas de la Virgen de la Macarena o la de María Santísima de la Amargura, ambas de Sevilla y confeccionadas en oro. Estas preseas definen momentos estilísticos clave del siglo XX, siendo mucho más ricas que las de épocas anteriores.

Entre los autores más relevantes de esta etapa contemporánea destaca el orfebre Cayetano González, considerado por numerosos historiadores del arte como el mejor orfebre que ha trabajado para las hermandades sevillanas. Inspirado en el regionalismo de la Exposición Iberoamericana de 1929, su obra se caracteriza por su calidad y estilo personal. Entre sus trabajos más destacados se encuentran las coronas realizadas para las hermandades de Pasión, la Amargura y el Silencio. Cayetano González tuvo un papel fundamental en la introducción del estilo conocido como Neorrenacimiento. No obstante, a lo largo del tiempo se han realizado coronas que replican estilos pasados, procurando no mezclar adornos de distintas épocas.

En cuanto a la tipología de las coronas procesionales, merece mención especial la diadema, usada habitualmente por las Dolorosas que aparecen solas junto a la cruz o en algunos misterios de la Pasión. Este elemento es más simple que la típica corona, y está formado únicamente por una ráfaga a modo de halo que rodea la cabeza. Su origen se remonta a las pinturas bajomedievales y renacentistas, siendo su uso bastante frecuente en las Dolorosas más antiguas. En la actualidad, su elección responde tanto a criterios estéticos como tradicionales.

Además de las coronas y diademas, también se utiliza el puñal, símbolo de la Virgen Dolorosa, en clara alusión a las Sagradas Escrituras. Según la simbología:

  • La corona representa a la Virgen Reina,

  • La diadema, a la Virgen Santa,

  • Y el puñal, a la Virgen como Madre Dolorosa.

En algunos casos, en lugar de un puñal aparece un corazón traspasado por siete puñales, en referencia a los Siete Dolores de María, un adorno que también se realiza siempre en plata u oro.

Fuente: Javier Jesús Beltrán Castaño, autor del Trabajo de Fin de Grado (TFG) del que se ha cedido esta información.