La actual Hermandad Sacramental de Pasión es el resultado de la fusión histórica de dos corporaciones profundamente arraigadas en Huelva: la Hermandad Sacramental de la Parroquia Mayor de San Pedro, con orígenes en el siglo XVI, y la Hermandad de Pasión, fundada en 1918. Su historia conjunta abarca más de cuatro siglos de fervor eucarístico y devoción pasionista.
La Hermandad Sacramental de San Pedro se constituyó canónicamente en 1536, siendo una de las más antiguas corporaciones eucarísticas de la ciudad. Su fundación se enmarca en el movimiento impulsado por Teresa Enríquez, “la Loca del Sacramento”, que en los primeros años del siglo XVI promovió hermandades dedicadas a la adoración del Santísimo en la Archidiócesis Hispalense.
Durante los siglos XVI y XVII, la corporación organizó con gran esplendor los cultos y procesiones del Corpus Christi, llegando a poseer bienes y rentas que sostenían su actividad y obras pías.
El siglo XVIII estuvo marcado por catástrofes naturales que dañaron gravemente la torre y la capilla mayor de San Pedro, repercutiendo en la vida de la hermandad. Con la desamortización de 1835 muchas corporaciones desaparecieron, pero la Sacramental logró reorganizarse en 1843, coincidiendo con la designación de Huelva como capital provincial.
En 1942, la Sacramental aceptó como filial a la Hermandad de Pasión, reflejando una profunda afinidad espiritual. Tras un intento fallido de fusión en 1951, sería finalmente en 1987 cuando la unión se hizo canónica, otorgando a Pasión su carácter sacramental.
La devoción al actual titular penitencial, Nuestro Padre Jesús de la Pasión, se remonta a comienzos del siglo XX. En 1905, la imagen conocida como el “Cristo del Sagrario” fue trasladada desde la Capilla Sacramental de San Pedro a la Capilla de la Victoria, despertando gran fervor popular.
El 7 de abril de 1918, bajo la presidencia del presbítero Manuel Sánchez Santiago, se firmó el acta fundacional, siendo elegido primer Hermano Mayor José Hernández Cembrano. Apenas un año después, el 15 de abril de 1919, la cofradía realizó su primera Estación de Penitencia en la jornada del Martes Santo.
En 1921, el rey Alfonso XIII aceptó el nombramiento de Hermano Mayor Honorario, concediendo a la hermandad el título de “Real”. Durante la década de 1920, Pasión enriqueció su patrimonio con un paso tallado por Antonio Peguero (1922), túnicas bordadas e insignias, llegando incluso a proyectarse —aunque nunca se realizó— la incorporación de una Santa Verónica y una imagen mariana.
El 21 de julio de 1936, durante el asalto a San Pedro, la imagen primitiva de Jesús de la Pasión fue destruida, salvándose únicamente la cabeza, gracias a la valentía de Fernando Hernández, que la ocultó en su domicilio. El patrimonio artístico y documental de la hermandad quedó prácticamente aniquilado.
En 1937, se intentó procesionar con la cabeza acoplada a un cuerpo provisional, pero la autoridad eclesiástica lo prohibió por su mal estado.
La reorganización definitiva llegó en 1938 gracias a hermanos como José Gallardo Hernández y Genaro Hernández Cuervo. Ese mismo año se encargó una nueva talla de Jesús de la Pasión al escultor Antonio Infante Reina, bendecida en Domingo de Ramos y estrenada el Martes Santo.
En febrero de 1941, se incorporó la imagen de María Santísima del Refugio, atribuida a José Rivera y fechada a finales del siglo XVIII, restaurada después por Antonio León Ortega. Procesionó por primera vez ese mismo año bajo palio, configurando el cortejo de dos pasos que caracteriza a la hermandad.
En 1941, Pasión recibió el título de “Ilustre”, y desde entonces fue consolidando su identidad. El patrimonio se enriqueció con bordados, orfebrería y pasos procesionales, muchas veces gracias a donaciones anónimas o hermanos comprometidos.
Un momento especialmente recordado fue el dorado del paso del Señor iniciado en 1955, gracias a la aportación de Antonio López Torres y ejecutado por Antonio León Ortega, que se estrenó en 1958.
La calle Madreana (actual Almirante Garrocho) se convirtió en un enclave emblemático de la recogida de Pasión en la Semana Santa onubense.
En el palio de la Virgen del Refugio, desde la década de 1960, se incorporaron nuevos varales, candelabros y bordados, muchos de ellos obra o donación de hermanos como Rosario Ávila Macías.
Hoy, la Hermandad Sacramental de Pasión es una de las corporaciones más representativas de la Semana Santa de Huelva. Su doble carácter, sacramental y penitencial, la vincula tanto al culto eucarístico del Jueves Santo como a la solemnidad penitencial del Martes Santo.
Su historia es testimonio de fidelidad, superación y amor al Sagrario, encarnada en la devoción a Nuestro Padre Jesús de la Pasión y a María Santísima del Refugio, imágenes que siguen congregando cada año a generaciones de onubenses.
María Santísima del Refugio
La venerada imagen de María Santísima del Refugio, titular mariana de la Archicofradía del Santísimo Sacramento y Real e Ilustre Hermandad de Pasión, es una dolorosa de escuela andaluza que conjuga dulzura y dolor contenido en un mismo gesto. Tradicionalmente atribuida a José Rivera García, discípulo de Antonio Infante Reina, su autoría fue revisada en 2009 durante el proceso de restauración llevado a cabo por Francisco Arquillo Torres, quien determinó que se trata de una talla de finales del siglo XVIII, plenamente acorde a los cánones artísticos de la época.
Se trata de una imagen de candelero para vestir, de estética barroca, que transmite una expresión de angustia resignada y maternal ternura. Sus facciones finas y proporcionadas, la boca entreabierta, las cejas levemente arqueadas y los ojos de cristal humedecidos por el llanto —con cinco lágrimas resbalando por sus mejillas— la convierten en un icono de contemplación orante y recogimiento.
Desde su llegada a Huelva se ganó el afecto popular, recibiendo el cariñoso apelativo de La Virgen Bonita antes incluso de ser bendecida. La prensa local del 8 de marzo de 1941 la describía como “un refugio maternal y consolador visible desde el feliz instante de postrarnos ante ella”.
La Hermandad la adquirió en febrero de 1941 en los talleres sevillanos de Antonio Infante Reina por un importe de 1.200 pesetas, siendo entonces considerada obra de Rivera. Su advocación fue propuesta por el historiador y poeta Diego Díaz Hierro, quien eligió el título de “Refugio” en alusión a la protección y amparo espiritual que María ofrece a sus hijos. También se barajaron otros nombres, como Nuestra Señora del Loreto, sugerido por Rafael Clares, aunque finalmente prevaleció el que hoy la distingue.
Fue bendecida solemnemente el 7 de marzo de 1941 en la iglesia de San Pedro, en la antesala de su primera salida procesional. El Martes Santo 8 de abril de 1941 se mostró por primera vez a los onubenses bajo un elegante palio de encajes de plata, sostenido por diez varales de orfebrería Seco —adquiridos a una hermandad de Castilleja de la Cuesta—, manto de terciopelo azul oscuro y respiraderos con el escudo de la Hermandad. La parihuela y la peana fueron realizadas por Ángel Medina, mientras que los trabajos metálicos se encargaron a Francisco González. El exorno floral, compuesto principalmente por flores blancas, realzaba la delicadeza de su semblante.
En febrero de 2009, la imagen fue sometida a un profundo proceso de restauración por Francisco Arquillo Torres, que recuperó su policromía original y confirmó su antigüedad dieciochesca. La Virgen fue expuesta en solemne besamanos tras la intervención, permitiendo a hermanos y devotos reencontrarse con la pureza de su concepción artística original.
Desde su incorporación a la Hermandad, María Santísima del Refugio ha presidido cultos y procesiones, convirtiéndose en un auténtico símbolo de consuelo y fe para la ciudad. Su presencia cada Martes Santo, acompañando a Nuestro Padre Jesús de la Pasión, refleja la unión entre dolor y esperanza, encarnando el rostro más humano y maternal de la Virgen en la Pasión de Cristo.
Desde la llegada de la Virgen en 1941, la Hermandad aspiró a dotarla de un palio digno. El primero, de diez varales, se confeccionó con terciopelo azul y pana morada, constituyendo un ajuar sencillo. En 1953 se adquirió terciopelo a los sobrinos de José Caro y nuevos elementos decorativos. Los varales de orfebrería Angulo llegaron en 1961.
El bordado de bambalinas fue promovido por la camarista Rosario Ávila, con colaboración de las Hermanas Oblatas y devotas que incorporaron detalles como la Custodia, en previsión de la fusión sacramental. En orfebrería, el conjunto experimentó una renovación a finales del siglo XX: en 1999 el taller Hijos de Juan Fernández realizó en plata de ley varales, candelería, jarras y faroles; se sumaron los candelabros de cola de Ramón León Peñuelas (1988) y los respiraderos y peana de Manuel de los Ríos (1983).
El nuevo proyecto de palio (2023)
En junio de 2023 el Cabildo Extraordinario aprobó un nuevo proyecto integral de bambalinas y techo, diseñado por Javier Sánchez de los Reyes y ejecutado por el taller de Francisco Carrera Iglesias “Paquili”.
El nuevo conjunto será bicolor, una novedad en la Semana Santa de Huelva. Presenta caídas exteriores de estética tradicional, con mejoras en proporciones y simetría, y un techo con lacería geométrica de inspiración andalusí y cinco ventanas radiales en torno a una gloria central pintada por Daniel Bilbao, representando a la Virgen como Madre de Misericordia que acoge al pueblo bajo su manto.
El programa iconográfico refuerza el carácter sacramental y eucarístico de la Hermandad, integrando símbolos como la Cruz de Jerusalén, JHS, Caridad, Corazón Traspasado, San Pedro, San Manuel González, la Esperanza y el Sagrado Corazón.
Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol (Huelva)
La Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol es el templo cristiano más antiguo de la ciudad de Huelva. Su construcción se remonta a los siglos XIV y XV, asentándose sobre los restos de una antigua mezquita islámica ubicada en la antigua alcazaba, en el cabezo donde también se alzaba el desaparecido castillo de la ciudad.
De estilo gótico-mudéjar en sus orígenes, el templo ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de su historia. Durante los siglos XV y XVI, San Pedro no solo fue el centro religioso más importante de Huelva, sino también un núcleo civil, acogiendo actos del Concejo municipal y convirtiéndose en punto de referencia para la vida de la villa.
El edificio fue gravemente afectado por varias catástrofes naturales, especialmente por los terremotos de Lisboa en 1755 y los posteriores de 1758 y 1763, así como por un huracán en 1722 que dañó su torre. Estas circunstancias obligaron a una profunda reconstrucción durante el siglo XVIII, en la que participaron arquitectos como Pedro de Silva, Ambrosio de Figueroa y Francisco Díaz Pinto. El resultado fue una integración de estilos, destacando el barroco en su campanario, rematado por un característico chapitel recubierto de azulejos.
En su interior, el templo conserva una valiosa techumbre de madera artesonada de estilo mudéjar en la nave principal, arcos apuntados, capillas laterales y un espléndido retablo mayor de estilo barroco, obra de Antonio José de Carvajal, realizado en 1722 y restaurado posteriormente en el siglo XVIII y de nuevo en el siglo XXI.
La parroquia alberga un notable patrimonio escultórico, incluyendo imágenes como la Inmaculada del siglo XVI, San Pedro en talla barroca, un Cristo del Perdón fechado en el siglo XV, y obras de autores contemporáneos como Antonio León Ortega y Antonio Infantes Reina.
San Pedro es también sede canónica de destacadas hermandades onubenses, como la Hermandad de la Borriquita, la Hermandad Sacramental de Pasión, la Hermandad del Descendimiento y el Grupo Parroquial de Nuestra Señora del Carmen, lo que la convierte en uno de los principales focos cofrades de la ciudad.
En 1999, fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Hoy, la Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol sigue siendo un emblema de la historia y la fe de Huelva, testigo de su evolución religiosa, artística y social a lo largo de más de seis siglos.
La Banda de Música Nuestra Señora del Carmen de Salteras fue fundada oficialmente en el año 1928 por Manuel Chico Morales, tras la disolución de una banda anterior que existía en la localidad desde principios del siglo XX. Los primeros estatutos se redactaron ese mismo año, y la nueva formación comenzó su andadura con 26 músicos, muchos de los cuales obtuvieron sus instrumentos gracias a donaciones, en especial desde el vecino pueblo de Albaida del Aljarafe.
Durante sus primeros años, los componentes de la banda afrontaron grandes sacrificios: reducían sus propios ingresos para costear instrumentos y uniformes, y se desplazaban a pie hasta Sevilla y otras localidades cercanas para cumplir con sus compromisos musicales. Esta entrega sentó las bases de una tradición que ha perdurado durante generaciones.
A finales del siglo XX, concretamente en el año 2000, la banda dio un paso decisivo en su crecimiento institucional con la apertura de su propia academia musical. El nuevo edificio incorporaba aulas de estudio, sala de juntas y un estudio de grabación, consolidando así su labor pedagógica y su estructura organizativa.
La banda ha sido y continúa siendo una de las grandes protagonistas de la Semana Santa sevillana, acompañando tradicionalmente pasos de palio y de misterio en hermandades de enorme prestigio. Su presencia no se limita al ámbito cofrade: ha ofrecido conciertos en importantes escenarios como el Gran Teatro Falla de Cádiz, el Teatro Lope de Vega de Sevilla, el Teatro Cervantes de Málaga, la Casa Colón de Huelva o la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Entre los numerosos reconocimientos obtenidos a lo largo de su historia destacan el primer premio en el I Certamen de Bandas de Música organizado por Radio Nacional de España y la Diputación de Sevilla en 1984, y el tercer puesto en el prestigioso certamen de Almàssera (Valencia) en 2007.
La Banda del Carmen ha publicado varios trabajos discográficos, entre ellos Salve y Baratillo, que reflejan su apuesta por un repertorio de calidad, combinando marchas históricas con composiciones propias y adaptaciones sinfónicas.
En su etapa más reciente, ha estado dirigida por Guillermo Martínez Arana (2015–2024), periodo en el que la banda ha seguido brillando tanto en los desfiles procesionales como en sus conciertos de Cuaresma y otras actuaciones de relevancia. Su interpretación, cuidada y solemne, continúa emocionando a los fieles y al público amante de la música cofrade.
Con casi un siglo de historia, la Banda de Música Nuestra Señora del Carmen de Salteras representa uno de los emblemas culturales más sólidos de su localidad y un referente indiscutible dentro del panorama musical procesional andaluz, gracias a su entrega, disciplina artística y compromiso con la formación de nuevas generaciones.

















